I love this place... but it's haunted without you.

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1.28.2010

Desesperación

Estaba todo oscuro. Sólo podía alcanzar a ver una luz muy lejana. Pequeña. Blanca. Que parpadeaba en intervalos prolongados. Sentía un nudo en la garganta y no podía respirar. Me costaba tragar como si me hubiera atragantado con una pastilla. Gotas de sudor frío me resbalaban por la frente. Buscaba la luz y no alcanzaba a verla. ¿Dónde podía estar? Miraba hacia todas direcciones, - o al menos, eso intentaba - y no podía encontrar nada. ¿Estaba en un espacio cerrado? Sentía que tenía algo agarrado con la mano derecha, pero no le presté demasiada atención en el momento. Una sensación claustrofóbica inmensa me reconcomía la cabeza. Intentaba caminar en todas direcciones y a la vez, me sentía aprisionada ante tanta oscuridad. La luz volvió. Se acercaba. Y agrandaba su tamaño...

Pero volvió a desaparecer.


No podía más. Tenía ganas de gritar y poder salir de allí. Tropecé torpemente con algo, y caí de rodillas. La luz apareció encima de mi, como cuando me tocaba salir a escena y sólo importaba yo. Me iluminaba, siendo yo, en ese momento, la estrella de la actuación.

Bajé la mirada. En ese instante, recordé que tenía algo agarrado. Abrí los ojos. En mis manos se descubría un cuchillo ensangrentado, y la camisa color blanca había tomado unas manchas con un nítido color carmesí. Con la otra mano, me toqué la frente, como gesto de indecisión, tapándome los ojos y queriendo mentalizarme de que eso no estaba ahí. Volví a mirarme la mano, y seguidamente, encontré en mi camisa, mezclada con la sangre, una mancha color marrón. Solté espantada el arma. No recordaba nada. Miré hacia un lado y hacia el otro.
La luz que me iluminaba, me descubrió una mano sin vida en el suelo, inmóvil. Me incorporé como pude, y comencé a gatear lentamente, con pasos indecisos y con escalofríos que nacían en las raíces de mis cabellos y que se prolongaban hasta las yemas de mis dedos. Y así, se fue descubriendo el cuerpo al que yo había privado el placer de vivir. Antes de poder observar su cara, se hizo la oscuridad aún más negra y profunda que antes. Me quedé paralizada, sin valor para tocar ese cuerpo sin vida, al que no recordaba haber visto ese día.
Miré hacia arriba y se hizo la luz. Con miedo, cerré los ojos mientras bajaba la cabeza, teniendo la sensación de que sabía lo que pasaría. Sabía la cara que se iba a descubrir.



Así era. Era él. Quien me había utilizado y quien me había manchado de café.

***

Cuando me desperté, envuelta en un baño de sudor y sábanas, y con la misma sensación de ahogo, me levanté de mi cama y fui directa a la cocina. Agarré un vaso y lo llené de agua. Me la bebí.
-"Todo ha sido un sueño"


1.27.2010

Secrets.

Al salir del restaurante, con mi camisa estropeada por culpa del café, solo quise ir rápidamente a casa. No me sentía en condiciones de ver ni hablar con nadie. No después de que él ni se hubiera dignado a mirarme.
Lo que más me dolía, era recordar una y otra vez la infancia que habíamos vivido juntos. Imágenes que no se me quitaban de la mente, aunque, recordándolo con buena nitidez, todos los recuerdos, eran malos.
Llegué al umbral de mi puerta, y en el suelo había una carta. Una carta con mi nombre.
¿Quién mandaba cartas entonces? Es más, ¿quién me mandaría una carta a mi?
La cogí y entré en la casa. Me senté en el sofá y la abrí, con calma, pero a la vez con ansia de conocer quién me la mandaba.
La carta decía así:

"
Hola. Sé que lo último que esperas es una carta mía.
Sé que he tardado más de dos años en mandártela.
Sé que ahora no es el momento.
Y también sé que no va a arreglar nada.
Pero eres mi amiga y quiero que lo sepas. Tengo que contarte mi mayor secreto. Seré breve, ya que dicen que bueno y breve, dos veces bueno...
Hace tres años conocí a una chica. Una chica agradable y simpática que compartía muchos gustos conmigo.
Una chica que me hacía reír y con la que compartía muchos momentos. En una primera instancia, era mi amiga, aunque, con la relación que llevábamos se convirtió en la mejor. Y, sin quererlo... El corazón no hace caso a la razón, y por más que le daba vueltas y vueltas, no entendía por qué. Pero había ocurrido. Me había enamorado de ella. No se lo dije, ya que ella estaba enamorada ciega y perdidadmente de otro, y pensé que yo no sería más que una piedra en su camino. Me aparté...

Ahora, tres años más tarde, se lo confieso. Esa chica eras tú.
No pretendo que te enamores de mi. No pretendo que nos casemos. Dicho queda.
Un saludo. "


Esa noche, tuve una pesadilla y sentía que las sábanas no se desprendían de mi cuerpo.


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