I love this place... but it's haunted without you.

thanks for reading and following :)
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2.03.2010

Obsesión.

-Pero, ¡si eres tú!

Esas fueron las palabras que salieron de su boca nada más darse cuenta de con quién se había topado.Él, no era igual que él, o él. No. Eran los tres diferentes, y sin ninguna duda, Él, era el peor de todos.
Había empezado todo cinco o seis años atrás. Él, con su inteligencia, sus manos con uñas mordidas, sus gafas, sus pecas, su pelo perfectamente peinado... tódo Él había conseguido dejarme prendada sin ninguna razón. Con sus ojosmarrones, pequeños pero intensos, me miraba y me hacía sentir única. Con un beso inocente que no significaba nada fue como me enredó en su trampa de amor.
Así empezó el juego:
Una clase de física, unas palabras, una pregunta, un primer beso, unos besos consiguientes, una sonrisa, un "claro que te quiero" y un adiós. Y así sucesivamente. Seis años. Setenta meses. Más de dos mil días.
Después del adiós que Él me otorgaba, venían meses llenos de silencios fríos, miradas distantes y sentimiento de culpa. ¿Por qué ya no me quería? ¿Por qué no se acercaba? ¿Debía pedirle yo perdón?
Así fue como Él, Cayetano, me había ocasionado el mayor dolor de corazón que nunca se había escrito. Una sensación de ahogo constante por saber dónde o con quién se encontraba. Una OBSESIÓN. Le quería.
Le quería a más no poder. Le quería a rabiar y le quería todo para mi.



Sin embargo, las estaciones pasan, las hojas de los árboles cambian de color, si tiras un melón desde una ventana caerá al suelo y se destrozará y mis sentimientos hacia Cayetano, tardaron mucho, mucho tiempo en desaparecer, pero lo fueron consiguiendo decepción tras decepción. Horas de lágrimas derramadas, que nunca fueron dignas de ser derramadas. Yo se lo di todo, y él no me devolvió nada. Una oportunidad tras otra, siempre concedidas de mis manos, y nunca se vieron bien acogidas.

Sin ninguna duda, tengo un él es un cerdo,
Él es un cabrón, y él era un despistado



1.31.2010

Llueve.

Esa mañana había amanecido grisácea. Unas nubes negras amenazaban con lluvia aunque no fue perceptible hasta estrada la tarde. Esa mañana calcé mis mejores zapatos, - y mis favoritos, claro está - los negros de salón con tacón de aguja y la falda ajustada color negra también. Me maquillé, como era religión cada mañana y me dejé el pelo con un estilo de recién levantada. Tenía en la cabeza un montón de ideas mezcladas y desordenadas. Una carta por aquí, un instinto asesino por allá, dolor a la derecha, amor a la izquierda... Mejor. Mucho mejor. Caminaba por la calle sin ver si quiera a las personas que venían de frente. Bastantes problemas tenía yo en mente como para preocuparme por nadie más que no fuera yo misma.
La dificultad de andar de esa manera, ensimismado, es que puedes tener un siniestro con alguien que viene en el sentido contrario de la marea. Fue lo que me pasó.
Él tenía unos libros en mano, y cuando nos encontramos, todos ellos cayeron al suelo, junto con mi bolso y algún que otro lápiz de labios. Mecánicamente, nos agachamos los dos y comenzamos a recoger cada uno nuestro material, diciendo:

-Disculpa, iba sin mirar.
-No te preocupes, la culpa es mía.


Al decir eso, reconocí esa voz de inmediato. Alcé la mirada y pude ver su cara. Estaba perfecta, justo como la última vez que nos habíamos besado.


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